(TP) Capítulo 4 – Un enviado de la iglesia


Corrección: EveryTranslations

Traducción: El Dante


“¡Esto es delicioso!”

Sosteniendo un tenedor y un cuchillo con sus manos, Elisabeth mostró una alegre sonrisa.

Esa era la primera vez que Kaito la veía sonreír de esa manera; se trataba de una sonrisa sin un rastro de malicia. La situación era tan anormal que se le puso la piel de gallina. Pero no era solo Elizabeth quien era extraña, sino que la entera mesa.

La gran mesa había sido amueblada con un majestuoso mantel de arabesco, y los asientos vacíos estaban adornados con flores de colores. La línea de candelabros alternados de oro y plata estaban encendidos, iluminando gentilmente los cubiertos.

Además, los platos estaban emanando el aroma de las varias comidas presentes.

Había áspic de cabeza de cerdo con brioche. También habían servido una deliciosa ensalada agría con intestinos, un tazón de minestrone de tripas de cordero y una empanada de riñón color café-dorado. El plato principal era una terrina de foie gras.

Y para terminar, como postre, había una torta decorada con pequeños pedazos de manzana cortadas con forma de flor.

Elisabeth se llenó las mejillas con los platos recién preparados, uno tras otro. Grandes y exageradas lágrimas de alegría brotaron de sus ojos.

“¡Esto es delicioso! ¡En serio—Verdaderamente sublime! ¡Verdaderos manjares! ¡Te felicito, muñeca!”

“Haber cumplido con sus gustos es un honor, Elisabeth-sama, Señora de Kaito-sama.”

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(TP) Capítulo 3 – La Búsqueda del Tesoro


Corrección: EveryTranslations

Traducción: El Dante


El hígado de venado salvaje con marinado de pasas salió volando por la habitación.

Kaito levantó la bandeja de plata para protegerse de la lluvia de comida. Después, bloqueó hábilmente el cuchillo que llegó en sucesión. Al rebotar en la bandeja, el cubierto rebotó e hizo un sonido metálico.

“Te. Lo. Vuelvo. A. Repetir. ¡Deja de lanzar la comida!”

Este tipo de conversación había estado ocurriendo durante aproximadamente dos semanas. El chico ya estaba acostumbrado. Pero lo acostumbrado que estaba era preocupante.

En cualquier caso, después de bloquear los ataques, el chico enfocó su atención en la culpable, Elisabeth.

La chica puso un pie sobre la mesa, mientras presionaba su temblorosa frente con su dedo índice. La copa de vino a su lado, que Kaito había amablemente servido para ella, ahora estaba en el suelo. Hermosas lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos mientras gritaba:

“¡Es horrible! La dulzura y la acidez del marinado de pasas… el hígado que logra llenar tu boca con el sabor de la sangre a pesar de estar tan seco como un hueso… Ambos sabores se combinan tan mal, ¡que estoy convencida que tienes un don para cocinar horrible!”

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(TP) Capítulo 1 – Los Catorce Demonios

El castillo estaba construido sobre una colina desolada, rodeada en todos sus lados por un denso bosque. Fue construido en su totalidad de mampostería de piedra, por lo cual, parecía ser más una fortaleza que una castillo

Emitía una aura opresiva, haciendo que la mayoría de las personas que pasaban más de tres días adentro, fueran plagadas de pesadillas en las que eran aplastados por piedras. Sus corredores eran laberínticos, y si llegas a perderte en ellos, había una gran posibilidad de morir de hambre antes de encontrar una salida. No fue construido teniendo en cuenta la comodidad de sus habitantes; de hecho, parecía rechazar la idea de que fuera habitada.

Su cocina no era muy diferente. El diseño era abismal, y su atmósfera evocaba una sensación claustrofóbica de estar encerrado en una mazmorra.

Por no mencionar la naturaleza de los ingredientes que le habían forzado a usar.

Kaito Sena llevaba una camiseta de algodon con sus mangas enrolladas y un delantal de carnicero. Sus brazos estaban cruzados y tenía una expresión antipática. Ante el yacía un imponente montón de órganos. Los variados trozos de carne eran suaves, brillantes y emitían un olor fuerte y peculiar.

Suspira y, con un cuchillo afilado, comienza a hacerle cortes a los intestinos. Entonces remueve los pedazos blancos del corazón. Mientras vertía la gran cantidad de carne con un estoicismo que parecía ser el de un sabio, la cocina empieza a sacudirse violentamente. Kaito lo ignora, actuando como si nada hubiera pasado.

Incluso si el castillo estuviera por colapsar y su vida terminará, le preocupaba poco.

Toma la botella de vino con aspecto caro, que había escogido al azar de la bodega de vinos, la abre, y vierte su contenido en un frutero plateado. De inmediato, empezó a verter la carne de los órganos en el tazón junto a unas hierbas que no podía identificar.

Con una cara severa, continua cocinando mientras todo el castillo vuelve a temblar. Una vez más, volvió a ignorarlo. Incluso si la mitad del castillo explotaba, Kaito seguiría bien, por lo que no le ponía atención a los temblores. Su mundo estaba en paz. Sin embargo, una voz perversa resonó y rompió esa tranquilidad.

“¡Mayordomo! ¡Mayooooordomoooo!”

Su nombre era, de hecho, Kaito, y no Mayordomo. Por lo tanto, decidió que la voz posiblemente no estaba llamándolo. Bajo esa justificación, continuó ignorándola, pero entonces, cambió la forma en que le gritaban.

“¡Kaaaaaiiiito!”

“¡Bien, bien! ¡Ya voy, así que cállate!”

Su vida estaba en riesgo si seguía haciéndose el sordo. Golpeó el hígado que estaba esparciéndose sobre el mostrador, para luego dirigirse hacía el pasillo. Gracias a las pobres excusas de ventanales de cristal teñido, sacado posiblemente de un claristorio, el corredor era menos claustrofóbico que la cocina. Al mismo tiempo, los patrones de luz que se proyectaban en el suelo eran los suficientemente siniestros como para ser molestos. Corrió sobre los patrones, subió una escalera de caracol, y finalmente abrió un par de enormes puertas dobles.

Una violenta ráfaga de viento sopló en la cara de Kaito. La sala del trono, como su nombre indica, estaba adornado con un magnífico trono sobre un pedestal, y la variedad de tapices antiguos servían para acentuar la grandeza de la sala. Sin embargo, una cuarta parte de la habitación había sido destruida, y el cielo azul pálido se asomaba a través de un gran hoyo en la pared. Parecía haber una gran posibilidad de que la mitad del castillo había sido destruido.

De pies sobre los restos, una arrogante chica esperaba a Kaito, con los brazos cruzados y sus piernas perfectamente esculpidas sobre los escombros. Sus tacones hicieron un clic cuando volteó a verlo.

Su cabello oscuro revoloteaba a su alrededor mientras lo perforaba con su mirada carmesí.

Su rostro, un pozo de belleza inhumana, estaba marcado por una sonrisa que goteaba un placer ilimitado. Era realmente desagradable. Sus uñas estaban pintados de negro, y brillaban cuando señalaban el exterior. Habló en un susurro, su voz, tan dulce como el canto de un pájaro con el todo de un gato que acaba de comer hasta satisfacerse.

“Observa, Kaito.”

Kaito obedeció y miró a través del agujero. El brillante cielo azul y el bosque verde intenso habrían sido pintorescos si no fuera por el pegajoso rojo que teñía el paisaje. El escenario, que alguna vez fue hermoso, ahora era un espectáculo repugnante para la vista.

Un paisaje infernal de una pesadilla se extendía por todas partes.

Docenas de estacas de hierro sobresalían del suelo, empalando a una extraña criatura.

Kaito arrugó su cara tanto como pudo, ya que todavía podía distinguir los cadáveres grises y ensangrentados.

“¿Y bueno, Kaito? ¿Cuales son tus impresiones?”

“¿Impresiones…? Es repugnante.”

“Una evaluación adecuada, de verdad. Y no solo eso, también carece del vocabulario y del ingenio para entretener a tu maestra. Que criatura tan aburrida.”

La chica se encogió de hombros. La bestia moribunda era un horrible mosaico de cadáveres humanos. Era una criatura extraña, su piel era un collage de caras humanas con sus mejillas y cuero cabelludo fundidos y estirados hasta su límite. Cada cara unía su voz en un coro de agonía. Una hilera de brazos humanos a lo largo de su espalda servía de melena, y una gran cantidad de senos colgaban de su gorda barriga.

La chica empezó a reírse de esa blasfemia abominable, su voz estaba llena de desprecio.

“La hora ha llegado, Kaito. El Caballero ha emitido una declaración de guerra. ¿O sería más apropiado considerar esto como mero acoso?”

Parecía estar bastante complacida. Al verla lamer sus labios color granate, Kaito pensó que no parecía ser una pantera o un lobo, sino más a un hambriento y feroz león. Reprimiendo su impulso de vomitar, aparto la mirada del cadáver de la bestia y dijo con un suspiro.

“No es que realmente me importe, pero la comida estará lista en una hora. Guarda tus peleas o torturas o lo que sea para después.”

Este fue el absurdo trato al que Kaito Sena se vio obligado después de que lo mataron.


“Como aún no me has respondido, lo diré de otra manera. Consagrate a mí.”

“Paso.”

Cuando escuchó la contundente demanda de la chica que se hacía llamar Elisabeth, Kaito inmediatamente se negó. Naturalmente, estaba confundido por recibir la extraña orden de una chica inmediatamente después de haber sido asesinado. Pero estaba seguro de su respuesta después de ver ese inquietante montón de cadáveres. También estaban los cánticos sedientos de sangre que le habían dirigido a ella, además de la sádica sonrisa de Elisabeth, pero sobre todo, era porque se dirigía a ella misma como la ‘Princesa de la Tortura’.

Estaba preocupado por haberla hecha enojar, pero por alguna razón, asintió como si estuviera impresionada.

“Una decisión rápida, ya veo. ¿Acaso tropezaste con uno o dos de mis recuerdos perdidos cuando fuiste invocado? Aún así, no esperaba una respuesta tan rápida.”

“Bien, olvida todo sobre ‘servirte’ por un segundo. Cuando hablas de ser ‘invocado’… Hey, espera, ¿en dónde estamos? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Acaso no… morí?”

“¡Sí, sin duda! Estás bien y completamente muerto. Tu asesinato fue tan insignificante como pisar a un gusano — ¡Una muerte sumamente lamentable, cruel y espantosa! Sin embargo, invoqué tu alma en este lugar en el cuerpo de un marioneta y te concedí una nueva vida. Una rara bendición, ¿no es así? Continua, entonces; regocijate desde lo más profundo de tu corazón.”

“¿…Una marioneta?”

Mientras escuchaba la rara explicación de Elisabeth, Kaito se empezó a tocar. Para ser una marioneta, su piel se sentía sorprendentemente humana. No tenía un espejo, por lo que no podía inspeccionar su rostro, pero al notar la falta de discrepancias en su campo de visión, sospechaba que su altura era más o menos la misma que siempre tuvo. Se arrancó uno de sus cabellos, el cual normalmente siempre se encontraba atado detrás de su cabeza, pero tenía el mismo viejo color marrón pálido.

Mientras Kaito inspeccionaba su cuerpo con una expresión de duda, Elisabeth habló de nuevo, exasperada.

“Ahora escúchame. El cuerpo que alberga tu alma es un golem de mi propia creación. No es uno de esos trozos de tierra que morirá simplemente por borrar parte de la palabra de su frente. Es una obra superlativa de trabajo, ya que soy tanto una maestra de la magia y una habilidosa artesana. También es gracias a mi trabajo que puedes escucharme en el idioma de tu tierra. Y el marco es indudablemente robusto. Tiene órganos y sangre, es verdad, pero mientras permanezca intacto al menos un 50 por ciento, puedes considerarte inmortal. Ah, bueno, la sangre que corre por tus venas ha sido mezclada con la mía, por lo que supongo que si tu cuerpo se desangra, tu alma se disipará.”

“Pero mi cuerpo, mi color de cabello, todo es igual.”

“Parece que tu idiotez está más allá de la salvación. Ya hablé de mi habilidad, ¿no? No agrupes mi obra maestra con los desechos de de una tienda de descuentos. Si colocas un alma en un recipiente que difiere demasiado de la forma de su vida anterior, la disonancia puede causarle locura. El cuerpo está diseñado para transformarse de acuerdo con el alma que habita. Automáticamente elimina las heridas y las enfermedades, pero la apariencia y el cuerpo son los mismos, desde la cara que refleja tu naturaleza empobrecida hasta tu cuerpo delgado y quebradizo. Siéntete libre de llorar por mi compasión.”

Fue entonces que Kaito notó el gran cambio en su cuerpo. Mirando su brazo, se dio cuenta de que las cicatrices y laceraciones que una vez habían sido grabadas en en él, ahora habían desaparecido sin dejar rastro. El dolor, quien anteriormente había sido el compañero de toda su vida, había desaparecido completamente.

Eh… Es una sorpresa. Después de todo, este realmente no es mi cuerpo.

Kaito finalmente lo aceptó. No había forma de que este cuerpo libre de agonía fuera suyo. No sentir dolor por primera vez en mucho tiempo era ciertamente agradable, pero al mismo tiempo, lo hacia sentir incómodo, como si fuera una muñeca de plástico o algo así.

Mientras Kaito mecía su brazo con asombro, Elisabeth continuó.

“Invoqué un Alma Sin Pecado para usarlo como un sirviente. La Iglesia me castigaría su descubrieran que invoqué algo malvado, incluso si solo lo uso como una sirvienta. Cumples los requisitos, ya que, que tu muerte fue mucho más cruel que tus pecados mientras vivías, justifica que lo hiciera, pero… Heh, hubo una rara resistencia durante la invocación, pero al pensar que te llamé de otro mundo… me pregunto si sacarte a una dimensión paralela es el colmo de la fortuna o una desgracia. Ah, supongo que importa poco quien llegaste a ser. De ahora en adelante, solo necesitas servirme con una devoción sincera.”

“Me niego.”

“Oh ho.”

Elisabeth entrecerró sus ojos carmesí, aparentemente complacida por su respuesta. Sus largo y delgado dedo parecía ser una espada mientras levantaba la barbilla de Kaito. Lamiéndose los labios, susurra con una voz tan dulce como el néctar.

“Fuiste asesinado. Tu muerte fue tan insignificante como pisar un gusano — una muerte muy lamentable, indecorosa, cruel y espantosa. Incluso tu pequeño cerebro hueco lo entiende, ¿no? Tu muerte fue mucho más cruel que tus pecados en vida, lo que justifica el motivo de tu invocación, cumpliendo el requisito de convertirte en un Alma Sin Pecado, pero llevas la cara de un hombre a punto de descender al infierno. Aún así, ¿renunciarás a esta segunda vida? ¿Elegirás morir, aplastado como un gusano?”

“Oh, sí, seguro. Ya he tenido suficiente abuso durante toda mi vida. Lo soporté y persistí, seguro, pero sobrevivir no es lo mismo que vivir. Estoy acabado.”

Kaito dio su respuesta. Sin siquiera tener que pensarlo, podía decir que había sido una vida terrible.

Asistió a una escuela por un par de años. Después, se vio obligado a mudarse de una lugar a otro y ayudar a su padre con su trabajo ilegal. Cuando termino mal y ya no era necesario su mano de obra, su padre comenzó a golpearlo para desahogarse. Todo eso era una forma repugnante de vivir. Kaito ni siquiera recordaba como se veía su madre. Pero sospechaba que el cerebro de su madre había sido aturdido por el dolor y la mala nutrición, robándole la fuerza de voluntad para huir, y eventualmente había sido asesinada, al igual que él.

Estaba agradecido por su nuevo cuerpo sin dolor, pero estaría condenado si se dejaba usar por alguien más. Si su vida de mierda se prolongaba, todo apuntaba a que tendría que soportar aún más mierda.

“Ya he tenido suficiente. Voy a tirar la toalla. Encuentra a alguien más para que sea tu sirviente.”

“Ya veo. Bueno, te guste o no, seguiré tratando de hacerte mi mayordomo.”

Una vez más, la respuesta de Kaito fue completamente ignorada. Frunciendo más el ceño cuando Elisabeth se encogió de hombros.

“Invocar mas sirvientes solo haría que la Iglesia lanzara su molesta mirada sobre mí. Y crear otra marioneta me llevaría tiempo. ¿Qué sentido tiene crear más tareas para tener un sirviente, cuyo rol es hacer las tareas por mí? No puedo pensar en una mayor perdida de tiempo. En cualquier caso, de—”

De repente, se escuchó un rugido al mismo tiempo que la puerta detrás de Elisabeth explotaba.

La forma en que la gruesa y pesada puerta giraba en el aire antes de finalmente estrellarse a su lado era casi cómica. Una astilla le rozó la mejilla, pero ni siquiera volteó para verla. Los ojos de Kaito se abrieron debido al miedo mientras miraba boquiabierto la entrada.

Allí, en la puerta — menos una de ellas — había un caballo colosal y su jinete.

Para las riendas, el jinete sostenía una siniestra cadena de espinas, y la silla de montar estaba hecha de huesos. Pero lo más extraño de todo eran los cuerpos. Ni el jinete ni el caballo tenían piel. Parecían ser modelos anatómicos, sus músculos estaban desnudos, y sus cuerpos cubiertos con vasos sanguíneos. Con su carne rosa y brillante, eran lo suficientemente horribles como para que tu mente se negaran a analizarlos para autoprotección.

Finalmente girando hacía la entrada, Elisabeth comenzó a hablar con un aire de ocio.

“En cualquier caso, entre los catorce demonios están: — el Caballero, el Gobernador, el Gran Gobernador, el Conde, el gran Conde, el Duque, el Gran Duque, el Marqués, el Gran Marqués, el Monarca, el Gran Monarca, el Rey, el Gran Rey y el Kaiser — dejando de fuera el Kaiser, quien ya ha sido capturado, hay trece demonios y sus contratistas que necesito matar.”

El caballo dejó escapar un relincho y el jinete volvió a rugir. Sus bocas eran simplemente huecos, y de ellos salía el chirriante ruido de una tormenta que ha pasado por un instrumento de viento roto. A medida que el chillido de odio resonaba en sus tímpanos, Kaito repentinamente comprendió algo y estaba seguro de ello.

Demonio era la única palabra adecuada para describir a esta horrible criatura.

“Hey, ¿qué pasa con ese tipo? ¿Es el ‘Caballero’ que acabas de mencionar?”

“Para ser un imbécil  que murió como un gusano, te ves sorprendentemente tranquilo.”

“Mientras mi cerebro no esté atrofiado, al menos puedo tomar decisiones acertadas.”

“Bueno, estás cerca. Es un sirviente del Caballero. No formó un contrato con un demonio, sino que se convirtió en el subordinado de uno que sí lo hizo. Por elección. Un debilucho, en otras palabras. Sin embargo, tanto él como el Caballero solían ser humanos.”

Escuchando la explicación de Elisabeth, Kaito sintió que su mirada se acercaba nuevamente al caballo y al jinete. No podía creer que el jinete fuera un humano, ni quería hacerlo. Solo un lunático se convertiría voluntariamente en algo así. Adivinando lo que estaba pensando Kaito por la expresión de su rostro, Elisabeth empezó a reírse disimuladamente.

“Tú reacción es comprensible. Bastante desagradable, ¿no? Vender tu alma a un demonio y abandonar tu forma, todo por buscar un poder inhumano, es bastante lamentable, ¿no? Puedes reírte. Te lo permito. Es su deseo, no hay duda de eso— después de todo, se llama bufonería precisamente porque hace que te rías, ¿no estás de acuerdo?”

Incluso como una provocación, sus palabras eran crudas. El jinete dejó escapar otro rugido más penetrante. La ira de su voz era tan aguda que Kaito tuvo que cubrirse sus oídos por miedo a que se le rompieran los tímpanos.

El jinete tiró de las riendas y pateó el costado de su caballo. El caballo aceleró hasta su velocidad máxima en un instante, agrietando el piso de piedra mientras se dirigía hacía Elisabeth en un intento de pisotearla.

“Maldita basura. Mi espada es demasiada buena para ti — Iron Maiden.”

Elisabeth dijo algo y extendió su mano. La oscuridad y pétalos de colores de color rojo sangre fluyeron de sus dedos y empezaron a arremolinarse en el aire. Se escuchó un fuerte gong y luego una marioneta de tamaño natural surgió del suelo y atravesó la oscuridad.

El marioneta, la cual Elisabeth había llamado Iron Maiden, se veía mucho más amable de lo que su nombre indicaba.

Hilos dorados, que servían como cabellos, colgaban de su espalda, y las joyas que adornaban su cara en lugar de ojos brillaban con un color azul. Sus labios se curvaron en una cálida y amorosa sonrisa. Cuando abrió sus brazos en señal de bienvenida, el jinete se abalanzó sobre ella, consumido por la furia.

Fue justo cuando Kaito pensó que el caballo pisotearía el amable abrazo de la Doncella que sucedió.

En conjunto con el chasquido de los cambios de los engranajes, la marioneta abrió sus ojos. Las joyas azules se dieron la vuelta, ahora ardiendo en un color escarlata. Olvidó su afecto, su expresión se convirtió en odio, y su estomago se abrió con un clic.

Un par de brazos de hierro se dispararon desde su interior, cada uno equipado con largas y atroces garras. Arrastrándose, se abalanzó sobre el caballo y su jinete, aplastando brazos y piernas con una fría malevolencia y una eficiencia mecánica. Los gritos de desesperación del caballo y el jinete eran ignorados a medida que los brazos aplastaban las extremidades de sus victimas en trozos de carne que parecían ser orugas.

El caballo y el jinete no pusieron ningún tipo de resistencia, y después de ser esculpidos en una grotesca forma que se asemejaba a una bola de carne con una cabeza, fueron llevados al estomago de la Doncella. Como para simbolizar su castidad, su matriz estaba llena de innumerables agujas.

“¡GYYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!”

Ignorando los gritos de dolor, el pecho de la Doncella se cerró.

A medida que su expresión cambiaba, siendo cariñosa otra vez. la Doncella abrazó con cariño su vientre. Los gritos de locura que venían de su interior rogaban que lo liberaran. Solo escucharlos hacía que Kaito sintiera que también se estaba volviendo loco.

“Una vez que alguien entra en la Iron Maiden, su muerte no llega de inmediato.”

Elisabeth hablaba sobre los horrible gritos, claramente sin estar molesta por ellos. Mirando a Kaito, le dio una sugerente sonrisa.

“Si insistes en volver a morir, entonces no se puede evitar. Soy alguien muy generosa, después de todo, así que te concederé tu deseo. Pero no haré que regreses a un simple estado de muerte. Si tanto deseas morir, tendrá que ser a través de mis métodos. Entonces. ¿Qué camino escogerás? ¿Te volverás mi mayordomo, o te convertirás en carne?”

“Un mayordomo, por favor.”

“Bueno, eso fue rápido.”

Así fue como Kaito terminó sirviéndole a la Princesa de la Tortura.

Lo cual nos lleva al presente.


“¡Esto! ¡Es! ¡Terrible!”

Junto con esta enérgica queja, el corazón asado con una guarnición de hierbas y salsa de vinagre de frutas que Kaito había hecho, fueron mandados a volar, acompañados por un plato y un tenedor. Una peligrosa lluvia de comida y cubiertos llovieron sobre el anticuado mantel,

Continuando su ataque de ira, Elisabeth colocó un pie sobre la mesa con un pisotón.

“¿Q-Qué es esto? Es absolutamente repulsivo. Se ve sabroso, pero la carne no está bien cocinada, y tienen una textura de caucho. La salsa de alguna forma adquiere el peculiar olor de los órganos, y los sabores agridulces crean una horrible armonía que se te queda en la lengua. Es casi impresionante, en cierto modo.”

“Tu descripción es lo impresionante.”

Con ojos muertos, Kaito arranca el tenedor enterrado en la pared. Se preguntaba de dónde había encontrado el valor para realizar una crítica tan dura.

Unos cuantos días han pasado desde que había sido forzado a ser su mayordomo. Tales actos lo habían asustado al principio, pero dado que ha vivido todo su vida a punto de morir, rápidamente se acostumbró.

Todavía vestido con su traje de mayordomo poco halagador, Kaito suspiró con fuerza.

“Como sigo diciendo, no es necesario que me lo lances. ¿Qué eres, alguna clase de marido abusivo de los sesenta?”

“¡No sé nada de los sesenta maridos abusivos, pero esta comida horrible necesita ser arrojada! ¡¿Cómo le llamas a esto?! ¡Es tan desagradable que incluso la comida para cerdo es mejor! ¡¿Cómo es posible que todos tus platillos sean as malos?!”

“Seguías quejándote sobre el olor, así que pensé en usar vino esta vez para compensarlo.”

“…Espera. ¿Me estás diciendo que usaste mi preciado vino para crear esta inmundicia?”

Kaito decidió que lo mejor era quedarse callado Sin necesidad de una respuesta, Elisabeth movió su mano.

Una silla surgió bajo los pies de Kaito con un gong. Casi parecía una personaje de caricatura a medida que recogía su levita, luego, rápidamente se le abrocharon unos cinturones. Cuando vio la silla por completo, le quedó claro que el asiento y los reposabrazos estaban cubiertos con agujeros hechos para agujas, alfileres y púas. Abandonando su actitud fría, comenzó a mover las piernas en pánico.

“¡Espera, espera, espera, espera, espera! Vamos a discutirlo. Piénsalo bien. Nunca he cocinado antes, ¿y me estás pidiendo que cocine órganos?”

“Guardate tus excusas. Además, ¿esa es la forma de hablarme a mí, a la Princesa de la Tortura? Sí que eres valiente. Tal vez tengas tiempo para reflexionar sobre tu arrogancia mientras te llenas de agujeros, ¿hmmm?”

“¡Lo siento! ¡Mira, desde que me mataron, ha sido difícil reconocer sentimientos como el miedo o el peligro! Lo siento, ¿sí? ¿Podemos saltarnos la tortura?”

“Muy bien. Te concederé misericordia… o eso me gustaría decir, ¿quieres decir que solo me respetas por miedo?”

“Bueno, uh, eso no… es verdad…”

“¿Qué, entonces no tienes excusas, Kaaaaito?”

Mientras gritaba que quería retractarse, el destino de Kaito finalmente había llegado. Se iba a volver un alfiletero humano. Sin embargo, Elisabeth parecía reconsiderarlo, y mientras resoplaba, la Silla de Hierro desapareció.

“Muy bien. En mi infinita generosidad, te concederé una ultima oportunidad — Exijo pudin.”

“¿…Pudin?”

Su cómica orden fue dicha con una cara sería, y Kaito ladeó su cabeza, perplejo. Elisabeth entonces asintió, luego cruzó sus piernas y se recargó en la silla, cin una cara llena de convicción.

“Tengo mis dudas sobre si un tonto que ni siquiera puede cocinar será capaz de manejar la repostería, sabes. Pero tal vez tengas una habilidad especial para hacer dulces. No hará daño intentarlo. Y si está más allá de tus capacidades, entonces, como todo lo que no hace nada más que producir basura, simplemente serás eliminado.”

“Po favor, no hables sobre deshacerte de las personas. Me dio en el punto exacto. Pudin, ¿verdad? Creo que sé de lo que estás hablando… Aunque de donde vengo suena más como purin.”

“¿Purin? No conozco ese plato, pero por como suena, al menos debe tener una vaga similitud, ¿no?”

Kaito asintió a su respuesta a medias. De hecho, tenía fuertes memorias asociadas a ese plato.

Hace mucho tiempo, la mujer que vivía con su padre en ese entonces le había servido algo parecido al joven Kaito. Había estado encantado, y ella recibió su alegría con una sonrisa forzada. Al día siguiente, se había ido. Ahora que lo piensa, se dio cuando que probablemente había sido una forma de expiación por haberlo dejado y escapar sola. Incluso ahora, la memoria de ese raro momento de felicidad era vívido. Y más o menos recordaba cómo lo había hecho.

Podía recrearlo con lo ingredientes que tenía disponible en la cocina, pero faltaban los utensilios de cocina. Regresó con Elisabeth.

“Hey, Elisabeth. Puedes hacer golems de barro, así que ¿crees que puedas hacer una olla de barro?”

“¿Es algo que le pedirías a una persona que está considerando deshacerse de ti? Que tipo tan aterrador eres. Muy bien. ¿Cómo es esa olla de bario de la que hablas?”

Con sus limitados talentos lingüísticos, Kaito trató de explicarle lo que era una olla de barro. Elisabeth chasqueó los dedos, con una expresión perpleja en su rostro. Un momento después, suaves pasos resonaban por el pasillo.

La puerta al comedor se abrió de golpe.Tras las entrada estaba un pequeño golem, compuesto de terrones rectangulares de tierra. Se despidió, y luego repentinamente se derrumbó, dejando un montón de barro.

“¿Qu—? Oye, espera, Elisabeth, ¿qué acabas de hacer? ¿No te sientes mal por él?”

“No te compadezcas. A contrario de lo que puedas pensar, no poseía un alma. Ahora, era una olla, ¿no?”

El barro se retorció, y eventualmente tomó la forma de una olla. Kaito continuó con su explicación, diciendo que necesitabas ser mas corto y redondo, y que necesitaba de un agujero para dejar salir el vapor. El barro volvió a cambiar, y después de un periodo de prueba y error, finalmente alcanzó una forma que Kaito reconocía.

“Ese barro es muy resistente al calor. Aunque no estoy segura de lo que pretendes hacer, úsala como se te plazca.”

“Gracias. Es de gran ayuda.”

Teniendo cuidado de no tirarla, Kaito regresó a la cocina con la olla. La llenó con agua, luego agregó el trigo y la puso al fuego. Al hacerlo, podría tapar lo finos agujeros que se habían formado en la olla. Después, calentó un poco de leche en una cacerola y derritió azúcar en ella. Una vez se enfrió, agregó un huevo batido, luego agitó suavemente para evitar hacer burbujas. Engrasó la olla de barro con mantequilla, para después exprimir la mezcla de huevo con una toalla limpia. Pero aquí fue dónde se puso complicado. Tenía que cerrar la tapa y dejarla hervir durante diez o quince minutos. Puso una red sobre la estufa y colocó la olla encima, pero no tenía fe en su capacidad para controlar el fuego.

 “¿Y como voy a…? ¿Eh? Espera, ¿esto funciona?”

Al parecer, la olla de barro que Elisabeth había hecho era increíblemente tolerante al calor. Aunque la estufa estaba increíblemente caliente, la cantidad de calor que estaba recibiendo la olla era la temperatura exacta para hervir la mezcla a fuego lento. Es resto fue pura suerte.

Poco después, un dulce aroma comenzó a flotar por la cocina. Para enfriar la olla, Kaito la llevó al refrigerador del espíritu de hielo. La dejó enfriar por diez minutos, y después la llevó al comedor.

Para su sorpresa, Elisabeth lo estuvo esperando pacientemente. No debe tener nada mejor que hacer.

“¿Hmm? Bueno, esto es una sorpresa. Pensé que huirías.”

“Bueno, gracias a ti, todo salió bien. Velo por ti misma.”

Kaito colocó la olla de barro delante de ella. Elisabeth estiró su cuello con curiosidad. Parecía estar esperando que él le quitara la tapa. Kaito agarró el mango y lo destapó, haciendo que el dulce aroma flotara en el aire. Al ver la sustancia amarillo pálido contenida en su interior, Elisabeth ladeó su cabeza.

“¿Qué es esto? Esto no es pudin.”

“Huh, entonces realmente son versiones diferentes. Esto es purin. Es la versión de ‘pudin’ con la que estoy familiarizado.”

Purin, dices. Hmm.”

 Repitiendo sus palabras, Elisabeth agarró una cuchara y tomó un pedazo. Entonces frunció su ceño en duda mientras se movía de un lado a otro, luego puso la cuchara en su boca. Después de un momento de silencio, tomo otra cucharada.

“Esto es bastante extraño… o más bien… Sí… está tan… tambaleante… y dulce.”

Elisabeth llevaba cucharada tras cucharada a su boca, comiendo con incesante vigor. En poco tiempo, la olla de barro estaba vacía. Su cuchara cayó sobre la mesa.

“¡Lo aprueba!”

“Aprobé.”

Elisabeth sonrió, su expresión brillaba de satisfacción, como si le estuviera diciendo que era capaz de todo si se lo proponía. Por un momento, Kaito imaginó un par de orejas de gato flotando sobre su lujoso cabello negro.

Para alguien que es capaz de torturar a otros en un abrir y erar de ojos, es sorprendentemente sincera.

Justo cuando esas palabras llegaron a la mente de Kaito, Elisabeth chasqueó los dedos. Preocupado que de hubiera leído sus pensamientos, se preparó para que apareciera la Silla de Hierro.

Un tablero de ajedrez, hecho de una luz roja, brillaba frente a él, sin duda, conjurado mágicamente por Elisabeth. Al ver como los ojos de Kaito se ensanchaban por la sorpresa, Elisabeth habló.

“Parece que no eres completamente inútil. A la luz de los hechos, te daré información sobre tu situación actual.”

Elisabeth agitó su pálida mano. El tablero de ajedrez comenzó a girar hacia Kaito. Mientras se recostaba, el tablero se detuvo, y su voz adoptó el tono de una melodía.

“Alégrate, porque el conocimiento es poder. El destino de las hormigas y los ignorantes es el de jugar con sus vidas. Es mediante la obtención de conocimiento que los hombres sobrepasan a los insectos y se convierten en bestias, luego en humanos, y en ocasiones superan incluso a Dios.”

Dos grandes piezas aparecieron sobre el tablero de ajedrez, una negra y otra blanca. Ambas estaban adornadas con alas. Mientras flotaban, Elisabeth las señaló.

“En este mundo, Dios y Diablo son reales. Existen en un reino superior, que los ojos humanos no pueden alcanzar, pero su existencia ha sido probada por teolólogos, eruditos y magos. Por supuesto, Dios y Diablo no son más que nombres que les asignamos por conveniencia. Llamamos a la entidad que creo el mundo ‘Dios’ y aquella que la destruye como ‘Diablo’. Por lo tanto, Diablo solo puede interferir en el mundo de los hombres una vez que Dios lo haya abandonado. Pero hay una excepción. Si Diablo tiene un contratista, el futuro es incierto.”

“¿Un contratista?”

“Aquellos que usan sus cuerpos como intermediarios para invocar a Diablo en nuestra dimensión, en dónde normalmente no puede existir, y forma un contrato con él. Diablo entonces se fusiona con ellos y corrompe su forma, pero, a cambio, ellos obtienen poder que pueden usar como lo deseen. Pero invocar a Diablo, quien posee el poder suficiente para destruir el mundo entero, no es tarea fácil, y no hay un recipiente que pueda contenerlo, por lo que aún no se ha manifestado. Sin embargo, incluso sus fragmentos poseen un gran poder, y esos fragmentos existen en nuestro mundo hoy en día.”

La pieza negra se hizo añicos y empezó a esparcirse sobre el tablero de ajedrez. Después se transformó en catorce piezas, alineadas. En medio de la multitud de piezas con forma de bestias y hombres, una usaba una corona y estaba atada con cadenas.

“Catorce personas han formado contratos con catorce demonios. Están clasificados como — el Caballero, el Gobernador, el Gran Gobernador, el Conde, el Gran Conde, el Duque, el Gran Duque, el Marqués, el Gran Marqués, el Monarca, el Gran Monarca, el Rey, el Gran Rey y el Kaiser — Y cuando la gente dice ‘demonio’, se refieren a estos catorce y a sus contratistas. También están sus sirvientes; aquellos que le han prometido lealtad a cambio de una parte de su poder.”

Frente a las catorce piezas de aspecto extraño, ahora había una hilera de peones. Cuando los catorce pusieron sus manos en la frente de los peones, los peones también se transformaron en monstruos horribles. Elisabeth agarró una de ellas.

“El caballero sin piel que viste era un sirviente del Caballero. Llamarlos ‘sirvientes del contratista de un demonio’ es demasiado largo, así que los llamamos ‘subordinados’.”

Elisabeth colocó la pieza de vuelta en el tablero. Las catorce bestias y los grotescos peones comenzaron a marchar.

“El poder de los Demonio deriva de las lamentaciones de las creaciones de Dios — Especialmente del sufrimiento de los humanos. Por lo tanto, los demonios y sus seguidores son responsables de un nada pequeño número de desastres.”

De repente, las piezas de ajedrez abrieron sus bocas, llenas de dientes feos y deformes. Cuando se materializo una nueva linea de peones, las piezas corrieron hacía ellos y los consumieron. Elisabeth chasqueó los dedos. Una pieza con forma de mujer apareció en el tablero.

“La Iglesia — una organización religiosa que adora una Imagen de Dios, en la que la humanidad alguna vez creyó, es una institución que guía a las personas de acuerdo a la voluntad de Dios y fue creada para preservar la larga paz de nuestro mundo. Me han encargado cazar a los trece demonios a excepción de el Kaiser, quien ya ha sido capturado. Por el momento, mi enemigo es el Caballero.”

Katio vio como una pieza montada a caballo avanzaba en frente del resto. La armadura retorcida sobre una pieza roja se dirigía hacia él. La pieza femenina se dio la vuelta para enfrentarla, empuñando una espada brillante de color rojo.

“El Caballero es el más débil de los catorce. Sin embargo, para una persona normal, parecería una pesadilla hecha de carne.”

Mientras hablaba, el piso comenzó a temblar. Antes de que la espada pudiera alcanzar al caballero, el tablero y las piezas desaparecieron.

Thud. Thud. El castillo se sacudió una vez más. Elisabeth se puso de pie, tan elegante como siempre. Ignoró al desconcertado Kaito por adelantado, su vestido se balanceaba con cada paso. Frustrado, Kaito la siguió.

Elisabeth salió del comedor y siguió por el pasillo. Cuando llegó a la puerta de la sala del trono, la abrió de par en par,

El hedor a sangre y carne los golpearon como un camión.

Podían escuchar el bárbaro sonido de algo engullendo carne.

Después de dudar por un breve momento, Kaito miró a través del agujero de la pared. Encima de los pedazos ensartados del cadáver de la bestia, había una nueva criatura. Se estaba comiendo la carroña, arrancando grandes trozos de carne con su enorme boca. Incrustados en sus lados, había rostros humanos. Cada uno de ellos lloraba mientras trataban de desgarrar cualquier pedazo de carne que pudieran alcanzar. Kaito apenas pudo recuperar el aliento mientras se quedaba absorto con el horror del espectáculo.

Elisabeth volteó, y habló con una sonrisa malvada.

“Este también es el trabajo de un demonio. Me lo esperaba, ya que parecía que iba a llegar otra.”

“No puedo creer que esperaras que apareciera algo como esto…”

“La bestia llegó hasta aquí sin descomponerse, por lo que sus materiales probablemente vienen del pueblo vecino. Cuando un demonio ataca una aldea, deja unos cuantos sobrevivientes. Pero incluso si una quinta parte de los aldeanos escaparon, la primera bestia se veía demasiado pequeña para ser hecha de las cuatro quintas partes restantes. Es natural suponer que vendría otro,”

¿Cómo puede hacer una predicción como esa con tanta calma? La cabeza de Kaito estaba desorientada a medida que reflexionaba sobre esa locura.

Mientras Kaito pensaba, la bestia dio un grito.

“¡RAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH!”

Entonces saltó, sus hileras de pechos se balanceaban de un lado a otro. Clavó sus garras en un costado del castillo. El castillo entero se estremeció, y polvo comenzó a caer del techo. La bestia miró con sus ojos asesinos a Elisabeth.

Mirando a la bestia, cuya cabeza sobresalía por el agujero, Elisabeth suspiró.

“Cielos. Incluso teniendo en cuenta que todos fueron arrastrados a esto, es realmente algo lamentable para ver.”

“¡GRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH!”

“Te haré descansar. Quedate tranquilo.”

Elisabeth chasqueó sus dedos. El suelo se hizo pedazos. Incontables estacas de hierro rasgaron la tierra y comenzaron a crecer. Una tras otra, atravesaron el pecho de la bestia. Incluso con su cuerpo hecho trizas, la bestia seguía avanzando, tratando de atrapar a Elisabeth con sus fauces. Pero su ataque fue impedido por más de mil estacas heladas de hierro.

En unisono, junto al sonido de las estacas perforando su objetivo una y otra vez, una nube de polvo, mezclada con pétalos de flores carmesí, se levantaron como una tormenta. Una vez que se despejó, los cadáveres de dos bestias descansaban lado a lado. Sangre oscura comenzaba a acumularse en el suelo.

Elisabeth volteó a mirar a Kaito. Una gota de sangre pintaba su mejilla, pero a penas parecía notarla mientras comenzaba a hablar.

“Todavía puede haber rastros del Caballero en ese villa. Nos vamos. Acompáñame.”

Con su vestido ondeando, Elisabeth se retiró.

Reteniendo sus temblorosos piernas, Kaito la siguió.


Elisabeth bajó las escaleras hasta el subsuelo. Misteriosos quejidos hacían eco por todo el corredor, dándote la sensación de que era un laberinto con un monstruo. De hecho, no sería de sorprender si realmente hubiera un monstruo aquí abajo.

Ella continuó a un ritmo constante, finalmente llegando a una puerta al final del pasillo, pateándola para abrirla. Kaito se paró al lado de Elisabeth mientras miraba su interior.

La habitación no tenía muebles ni ventanas, y tenía un gran círculo mágico pintado en el suelo.

A medida que lo miraba de cerca, se dio cuenta de lo complejo que era el diseño. El aire era denso debido al olor del hierro oxidado de la menstruación. Fue entonces que se dio cuanta que el círculo mágico estaba pintado con sangre.

“Un circulo de teletransportación, grabado con mi propia sangre. Me lleva a donde quiero, siempre y cuando pueda recordar que estuve allí.”

“No soy un gran fan de este medio de transporte, pero se ve bastante conveniente. No teníamos esto de donde vengo.”

“Ah, sí, vienes de un mundo de maquinas. Es mejor que no tomes a la ligera a la magia. Como mi sirviente, incluso tú puedes usar tu sangre para invocar algo a tu lado.”

“¿Qué, quieres que derrame tanta sangre?”

“Deberías probarlo alguna vez.”

“Me niego humildemente.”

Kaito estaba nerviosamente parado al lado de Elisabeth encima del circulo mágico. Entonces chocó los talones.

Con el sonido de una llamarada, pétalos carmesí comenzaron a bailar a lo largo de la circunferencia del círculo. A medida que giraban, también lo hacían sus alrededores. Las motas rojas entonces se mezclaron, eventualmente formando cilíndricas paredes gruesas. El olor del hierro asaltó las fosas nasales de Kaito una vez más. En un instante, los pétalos se transformaron en sangre.

Elisabeth chocó sus talones una segunda vez y las paredes de sangre colapsaron en el suelo como las cortinas de un escenario. El paisaje que las paredes habían estado ocultando entró a la vista.

Estaban parados sobre los restos de un campo de batalla.

Era la única forma en la que Kaito podía describir el paisaje frente a él.

Había fuego esparciéndose por todas partes, e incontables cadáveres salpicaban el suelo entre los edificios en llamas. Lo único en lo que Kaito pensó para poder compararlo, fue en una fotografía de un campo de batalla de un país lejano, la cual había visto hace mucho tiempo. Dos horas habían pasado entre la creación de la primera bestia y la llegada de Kaito y Elisabeth, pero las llamas no mostraban signos de apaciguarse.

Mientras miraba los cadáveres en llamas, Kaito podía sentir su sudor goteando por su frente, a medida que el hedor de la carne carbonizada llenaba sus fosas nasales y el calor irradiaba su piel.

Había un hombre cuya mitad superior estaba completamente carbonizada. Una anciana con no solo su cabeza, sino con toda su columna vertebral arrancada. Una mujer con los senos cortados. Un joven con el rostro arrancado. Un niño medio muerto con los brazos cortados, probablemente mientras trataba de alejarse.

Ninguno de ellos tenían ni una pizca de dignidad. Todas sus muertes fueron horribles. A diferencia de la bestia, estos cadáveres eran identificables. Esa fue precisamente la razón por la cual ese espectáculo era tan horrible, por que la crueldad del mismo se hundía en tu cerebro. La necesidad de vomitar brotó en la garganta de Kaito antes de finalmente lograr pasárselo.

No había ninguna duda. Este era el Infierno.

Este lugar estaba lleno con las peores cosas que pudieras imaginar.

“Lo mencioné antes, pero esto lo hizo un demonio.”

Además de Kaito, que había perdido la voluntad de hablar, Elisabeth susurró.

Dio un paso hacía adelante, luego se dio media vuelta para mirarlo, el fuego a su espalda y su cabello negro bailaban contra la brisa ardiente.

“Los demonios obtienen su poder del sufrimientos de los hombres, de la discordia en sus almas que trae el sufrimiento. Este es el resultado. Los métodos usados son… lindos, supongo. Incluso ahora, se están produciendo horrores mucho más oscuros en otros lugares.”

Kaito estaba sorprendido por sus palabras. Él estaba acostumbrado al dolor y el sufrimiento. Estaba muy familiarizado con el miedo y con las increíbles tragedias que ocasionalmente afectaban a la gente. Pero no había forma de que pudiera estar de acuerdo con un espectáculo tan horrible como este, con personas asesinadas de una manera que carecía de piedad o significado.

“¿Llamas lindo a esto? ¡No me jodas! ¡Sin importar como lo mires, este es el Infierno!”

“Incluso el infierno tiene sus niveles. Y esta capa es superficial. En lo que a mi respecta, este bien podría ser un campo de flores. Los demonios traen tragedias mucho más crueles que esta… Es por eso que la Iglesia dejo que una cerda despreciable, como yo, se encargara de esos cerdos.”

“¡ELISABEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEETH!”

Fue interrumpida por una grito de furia. Ante esa señal, un grupo de aldeanos salieron de la parte de atrás de un corral de animales medio hundido. Los hombres, nerviosos, con la ropa manchada de hollín, cargaban herramientas de granja a medida que rodeaban a Kaito y Elisabeth.

Un caballero con armadura encima de un caballo se acercó a ellos. Kaiso se congeló cuando lo vio. Sin embargo, el caballero parecía ser un miembro legitimo de las fuerzas armadas de este mundo. Llevaba un casco con plumas, y tanto su caballo como su armadura plateada estaban adornados con un escudo en forma de lirio.

Se escuchó un schwing metálico cuando el caballero desenvainó su espada. Elisabeth suspiró.

“Vaya, si no es el Caballero Real. Ya maté a esos inútiles colosos, entonces, ¿qué asuntos tienes conmigo?”

“¡No te hagas la tonta! Fui enviado a esta villa desde la Capital, y te he estado vigilando en tu castillo. ¡Pero finalmente muestras tú verdadera naturaleza! Sé lo que estuviste haciendo todo el tiempo. ¡Esta terrible situación, todo es cosa tuya!”

“¿Acaso eres estúpido? Se ve que es trabajo del Caballero. Por otro lado, supongo que, aquellos que no lo han presenciado de primera mano, puede que tengan dificultades para entenderlo. De todos modos, ten cuidado de no poner sobre mis hombros tu incompetencia. La Iglesia me ha encomendado la tarea de cazar demonios. No estoy en la posición de matar humanos… por ahora.”

“¡Silencia tu mentirosa lengua! ¡¿Quien creería semejante historia?!”

La voz del caballero se volvió áspera, y Kaito se encogió. El caballero apuntó su espada a Elisabeth y habló, su voz temblaba de rabia.

“No creas que he olvidado lo que has hecho.”

Elisabeth estaba simplemente de pie, su cara era la mera imagen de la apatía, y no intento negar su acusación. Su comportamiento hizo que el caballero perdiera la poca paciencia que le quedaba. Él disparó una frenética lista de sus acciones pasadas.

“¡Torturaste a toda la población de tus tierras! ¡Desmembraste sus cuerpos, arrancaste sus corazones aún latiendo, suturaste cada orificio de sus cuerpos, tallaste sus huesos; derretiste su carne, les arrancaste los ojos, les cortaste la lengua y cuando se te acabaron las ideas, mataste a padres y niños, a los anciones, y a hombres y mujeres por igual! ¡Al final, tus pecados incluso llegaron a los nobles! ¡Princesa de la tortura! ¡Elisabeth Le Fanu! ¡¿Quien creería algo que saliera de tu boca?!”

Al escuchar esas palabras, Kaito recordó la realidad que había sido presentada ante sus ojos unos días antes.

Recordó la escena que presenció cuando murió. Recordó la montaña de cadáveres, cada uno de ellos sin una pizca de dignidad humana. Recordó la sed de sangre de la horda furiosa y la sonrisa de la chica amarrada.

Elisabeth estaba sonriendo incluso ahora, escuchando la crítica del caballero como si fuera el canto de un pájaro pequeño.

“¡Y ciertamente no he olvidado lo que te vi hacerle a mis compañeros caballeros en la Llanura de los Picos! ¿Tienes idea de cuántas noches de insomnio pasé en el Reino después de sobrevivir a eso?”

La mano del caballero que sostenía la espada comenzó a temblar. Sin embargo, de repente dejó de hablar y miró a Kaito. Su armadura resonó cuando habló con Kaito con una voz llena de confusión y simpatía.

“¿Por qués estas al lado de semejante demonio? Escuché que Elisabeth estaba buscando un sirviente, pero si te está reteniendo contra tu voluntad, puedes venir conmigo. Te protegeré.”

Kaito volteó a ver a Elisabeth. Ella se cruzó de brazos y permaneció en silencio.

Era cierto que Kaito había vuelto a la vida contra su voluntad y que fue hecho para servirle. También había presenciado personalmente sus crueles hechos. En verdad, no le gustaría nada más que vivir una sencilla vida de paz en este extraño nuevo mundo. Era su oportunidad de escapar. Pero justo cuando estaba a punto de dar un paso, Kaito se detuvo.

“Vámonos entonces. Rápido.”

“Tu oferta suena como un sueño hecho realidad, pero ¿puedo hacerte una pregunta primero?”

“¿Cual?”

“¿Por qué me miras con los ojos de alguien que acaba de encontrar su próxima comida?”

Después de esta pregunta, un incomodo silenció descendió sobre ellos. Los hombres, aún agarrando sus herramientas agrícolas, miraron al caballero. Algunos de ellos se veían preocupados. Pero el caballero no dijo nada. Mirando directamente al caballero, Kaito prosiguió.

“Cuando estaba vivo, conocí a un montón de chicos que dejarían pasar una comida caliente si eso significaba golpear un niño. Y tienes la misma mirada en tus ojos que todos ellos.”

No recibió respuesta. Pero al lado de Kaito, los hombros de Elisabeth comenzaron a temblar. Comenzó a reír. Se veía realmente extraña, su cuerpo se retorcía mientras abrazaba sus costados con felicidad.

“Por supuesto, por supuesto. Tiene mucho sentido. Ah, pero no esperaba que fueras un miembro del Cuerpo de Caballeros. Qué ridículo — digo, ¿me permitiría una pregunta, señor orgullosos?”

Su risa era dulce. Algunos incluso podían decir que era inocente. Con sus ojos carmesí brillando de alegría, habló con una voz suave y gentil.

“Maté a esos quinientos hombres en la Llanura de los Picos. Los mate, los aniquilé, los exterminé. Y ciertamente no recuerdo haber permitido que se escapara uno solo.”

Su sonrisa se desvaneció. Sus ojos estaban llenos de desprecio, y su pregunta llegó con una voz tan fría como el hielo.

“Entonces, ¿por qué sigues vivo?”

En ese momento, las cabezas de los hombres que tenían herramientas agrícolas cayeron al suelo. Las cabezas, en el suelo, tenían sus labios entreabiertos debido a la sorpresa. Enjambres de moscas salieron de los agujeros de sus cuello. Las moscas se pusieron a trabajar arrastrando los cuerpos con sus pequeñas patas. Royeron la carne con sus pequeñas bocas, unieron la piel de los cuerpos con moco y elaboraron una versión en miniatura de la criatura que Kaito había visto en el castillo.

Kaito dio un paso atrás, el extraño espectáculo una vez más le quitó el aliento. Al mismo tiempo, todo el cuerpo del caballero estaba envuelto en llamas color zafiro. La piel de su caballo se puso pálida al estar bajo el resplandor de la luz azul brillante, y el jinete mismo aumentó de tamaño. Con el fin de acomodar el crecimiento anormal de su usuario, la armadura del jinete se infló como un globo de agua. Un largo cabello gris y una barba sobresalían por las aberturas de la armadura. El caballero se había vuelto viejo y horrible.

Frente al imponente y demoníaco caballero, Elisabeth chasqueó la lengua, como siempre, sin miedo.

“No sé si estabas tratando de que bajara la guardia o simplemente consumir a mi sirviente ante mis ojos, pero en cualquier caso, eres un tonto. Si hubieras tenido la intención de transformarte todo este tiempo, pudiste haberlo hecho desde el principio y habernos ahorrado tu farsa infantil. Parece que tu experiencia al hacer un contrato con un demonio y sobrevivir a la Llanura de los Picos no te ha enseñado nada.”

Elisabeth suspiró y luego asintió con satisfacción.

“Pero tal vez es por eso que fallaste al fusionarte con alguien y terminaste con el demonio de rango más bajo, el Caballero.”

El caballero soltó un rugido de furia. El caballo pálido comenzó a correr a una velocidad incluso más rápida que la de su subordinado sin piel. Fuego y relámpagos empezaron a surgir del Caballero. Agarró el rayo azul con su mano y los transformó en una lanza gigante, para luego atacar a Elisabeth.

No esquivó el golpe, y la lanza la atravesó.

Kaito reprimió su grito. La enorme lanza hizo un sonido sordo cuando atravesó el pecho de Elisabeth. Sangre roja comenzó a gotear de la herida que le hizo. El Caballero entonces sacó la lanza y envió a Elisabeth al suelo.

Un recuerdo pasó por la mente de Kaito.

Era un recuerdo de él mismo, siendo golpeado y arrojado contra la pared, y luego cayendo al suelo como basura.

“Elisabe—”

Kaito corrió hacía ella, entonces se detuvo. Estaba riendo. Empezó a retorcer sus vísceras mientras se sentaba en un charco de su propia sangre y comenzaba a reír, como si todo fuera tan divertido que simplemente no pudiera evitarlo.

“Heh-heh, ja-ja, ja-ja-ja-ja-ja-ja. ahhhh—ja-ja-ja-ja-ja… ja.”

Hizo una mueca de dolor y se puso de pie. Kaito podía ver claramente a través de la cavidad de su pecho. Algunas de sus entrañas colgaban del hoyo, pero simplemente las envolvió alrededor de su brazo y las arrancó completamente. Sangrando abundantemente ahora, lanzó sus entrañas a un lado.

“Ya veo… Así que el daño de esta magnitud es tan leve como un poco de comezón. Es muy diferente a tener tu alma envuelta en llamas. Muy bien, ahora presta mucha atención. Así es como se siente la verdadera agonía.”

Elisabeth levantó una mano. Una gran nube de oscuridad y pétalos escarlatas giraban a su alrededor. Luego cubrieron su cuerpo, enmascarando el agujero con una nueva tela negra. Entonces agarró algo del interior de la enorme espiral carmesí y la sombra.

“Alegrate, tonto. Llamé esta espada para ti.”

Sacó una gran espada. Su espada tenía sangre roja y parpadeaba con un brillo siniestro.

“¡La Espada de Frankenthal el Ejecutor!”

Pronunció su nombre, y las runas grabadas en la espada cobraron vida. Cuando la luz llegó a los ojos de Kaito, pudo sentir el significado de las runas a medida que entraban a la fuerza en su cerebro, hasta que la frase completa tuvo sentido.

Eres libre de actuar como quieras. Pero ora para que Dios sea tu salvador. Desde el principio, el medio y el final, todos se encuentran en la palma de Su mano.

“¡Vamos, disfrutémoslo al máximo!”

Elisabeth movió su espada a través del espacio vacío, como si estuviera rastreando los brazos de su enemigo. Cadenas de plata volaban en el aire en sintonía con sus cortes, envolviendo los antebrazos de caballero, arrancándolo de su montura. Colgaba en el aire, incapaz de resistirse. Un momento después, chasqueó sus dedos, y la bestia apareció detrás de Elisabeth. Sin darse la vuelta, volvió a mover su espada.

Cadenas envolvieron a la bestia, amarrándola con firmeza. Se escucho un fuerte sonido cuando la carne fue desgarrada. Los grilletes se enroscaron alrededor de su cuerpo colapsado y se reforzaron a medida que tomaba la forma de un caballo. También se envolvieron alrededor del caballo pálido, actuando como un par de riendas.

Elisabeth levantó su espada hacia el cielo, y la punta de las cadenas infinitas se sacudieron mientras giraban en espiral hacía el caballero. Una vez terminaron, los brazos y las piernas del Caballero estaban atadas, y en los extremos opuestos de esas ataduras, había cuatro caballos, incluido el suyo. Llamó a su corcel, pero el caballo no le hizo caso.

“Entonces… Veamos que tanto te gusta que te Estiren y Descuarticen.”

Balanceó su espada, y los caballos cabalgaron en unísono.

Las extremidades del Caballero comenzaron a crujir, y sus articulaciones emitieron ruidos cuando fueron sacados de su lugar. Su carne, al ser estirada al límite, comenzó a desgarrase. Sangre brotaba de los huecos de sus armadura. Pero los caballos no se detuvieron. El Caballero gritó de dolor y rabia:

“¡ELISABEEEEEEEETH! ¡ELISABEEEEEEETH!”

Su voz estaba llena de agonía y odio.

El caballero se acercó a Elisabeth. Kaito también se acercó a ella desde atrás, quedándose sorprendido. Los ojos debajo del casco eran humanos una vez más. Eran diferentes de cuando se habían enfocado en Kaito, ahora eran de un azul puro. Esos ojos miraron a Elisabeth.

El contratista del Caballero era bastante joven.

Mirando los ojos nobles del hombre, Elisabeth murmuró con ternura.

“Un sobreviviente de la Planicie de los Picos, ¿hmm? Debe haber sido doloroso. Sin duda, me detestas.”

“ELISA… ELISABEEETH…”

“…Mis disculpas, buen señor. Pero los gritos de un demonio son tan desagradables como los chillidos de un cerdo.”

Había veneno en su sonrisa. El caballero rugió, era un sonido rico en malicia y sed de sangre.

“¡ELISABEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEETH!”

Momentos después, con el sonido de la carne siendo desgarrada, las extremidades del caballero fueron arrancadas de su torso. Las extremidades rebotaron por el suelo mientras viajaban al estar todavía atada a los caballos. La fisura recorría todo su abdomen, y sus órganos se esparcieron en un suave cascada. Debajo del casco, el Caballero vomitó bocado tras bocado de sangre antes de dar su último respiro. Entonces su cuerpo estalló con unas silenciosas llamas azules.

“Regresemos a casa. Tu purin era delicioso, pero tenía una base pobre. Estoy hambrienta.”

Su espada se transformó en una nube de pétalos carmesí, y Elisabeth se alejó. Kaito no pudo evitar mirarla. Pensó en la escena que había presenciado cuando fue invocado por primera vez. Eso y las acusaciones del Caballero. Si profundizaba demasiado el tema, no atraería nada más que dolor. Aún así, tenía que saberlo.

“Oye, ¿todo lo que dijo era verdad? ¿Torturaste y mataste a todos tus súbditos, y luego atacaste a los nobles?”

“Sí, en efecto. No dijo mentiras ni tuvo malentendidos. Entiende a quien le estás sirviendo. Soy la Princesa de la Tortura, Elisabeth Le Fanu. He causado más dolor y muertes que cualquier otro. Fui detenida por la Iglesia. Y ahora tengo la tarea de matar a trece demonios.”

Respondió sin una pizca de duda. Era tan despiadada y sin tacto como un demonio, tal vez peor. Al recordar su sonrisa felina de cuando se había comido el purin, Kaito casi se sintió traicionado. Ella era alguien que lastimaba a las personas, alguien que los apartaba de los demás, y él no hizo ningún esfuerzo para ocultar el disgusto en su rostro. Pero Elisabeth continuó su confesión de culpa con algo totalmente inesperado.

“Y una vez los haya ejecutado a todos, Yo también seré puesta en la hoguera.”

Su declaración era de alguien determinada. Los ojos de Kaito se abrieron. Elisabeth lo miró fijamente, sus ojos carmesí eran tan claros como rubíes. Su semblanza tranquila no daba señales de estar mintiendo.

Una linea del pasado hizo eco en la mente de Kaito.

Hasta el día de tu muerte, trata de al menos hacer algo bueno.

Así que es eso. Kaito permaneció en silencio, perplejo, inseguro de cómo eraccionar ante esa revelación. Elisabeth le dio a Kaito un “Humph” mientras entraba al circulo de teletransportación.

“Una vez regresemos, haz algo para la cena. Si puedes preparar dulces de ese calibre, de seguro puedes elaborar una comida adecuada. Y si no logras hacer algo decente, te espera la Silla de Castigo.”

Kaito la siguió, pero se detuvo por un momento y miró hacía atrás. La escena pintada ante él era un inconfundible infierno, Un grito sonó desde lejos, y el corral de animales se derrumbo. Las llamas se hicieron aún más fuertes. Pensando en la forma extraña del caballero, murmuró para sí mismo.

“…Doce más de esos, eh.”

Kaito se paró al lado de Elisabeth. Ella chasqueó los dedos.

A medida que los dos se desvanecían, la lanza del Caballero estalló en llamas azules, convirtiéndose en cenizas y dispersándose en el viento.